El ultimátum se produjo el pasado 22 de mayo en Washington. “Cuando se produzca una crisis y si vuestras defensas fracasan, vuestros ciudadanos no se van a sentir muy impresionados por el hecho de que el armamento adquirido fuera solo de los países europeos”, advirtió Michael Murphy, máximo responsable para Europa de la Administración estadounidense, durante un explosivo encuentro entre las dos partes en Washington, según la documentación a la que ha tenido acceso este periódico. El choque transatlántico tuvo lugar durante la visita a la capital de EE UU del comité de embajadores europeos de política y seguridad (un órgano llamado COPS), que se desplazó en pleno para reunirse con altos cargos de la Administración de Trump.

Estados Unidos ha pasado de la presión al ultimátum para que Europa cambie el rumbo de su incipiente política de defensa y la mantenga estrechamente vinculada a los intereses de Washington, que exige participar en los proyectos de armamento, lo que rechaza Bruselas por temor a quedar atrapada en la normativa estadounidense de exportación de material militar. La tensión ha alcanzado tal nivel que la Administración de Donald Trump ha advertido a la UE de que se expone a quedarse sola ante amenazas como Rusia si sigue adelante con su plan, según documentación a la que ha tenido acceso este periódico.

EE UU deja claro que si el proyecto sigue adelante con su diseño actual, la UE tendrá que defenderse con su propio armamento, lo que puede dejar a Europa en franca inferioridad. Fuentes de la Comisión enmarcan el encontronazo en la escalada de presión de Washington desde que se han acelerado los preparativos del Fondo de Defensa Europeo, con una dotación prevista de 13.000 millones de euros entre 2021 y 2027, y la selección de los primeros 34 proyectos de la Pesco, desde drones a helicópteros de combate.

La cita pretendía acercar posiciones tras varios meses de rifirrafe sobre las normas del futuro Fondo Europeo de Defensa (FED) y de los proyectos de armamento de la llamada Cooperación Permanente Estructurada (Pesco, en sus siglas en inglés). Washington considera que las normas europeas son demasiado restrictivas (en materia de propiedad intelectual, transferencia de tecnología y control de exportación) e impedirán la participación de sus empresas en el desarrollo de armamento en Europa. Pero el encuentro se saldó con un serio ultimátum para que la UE enmiende las normas recién aprobadas. “Si el lenguaje de la legislación sobre el FDE y las directrices de Pesco no se cambian, entonces la UE tendrá que elegir: o renuncia a utilizar las mejores capacidades tecnológicas que existen o desarrolla las suyas propias”, advirtió a los embajadores europeos Michael Murphy, subsecretario del Departamento de Estado para Europa.

El dilema de Murphy pretende obligar a la UE a elegir entre el riesgo de enfrentarse en solitario a un entorno crecientemente inestable o duplicar capacidades que ya estarían disponibles a través de la OTAN. El subsecretario recordó que Occidente se enfrenta de nuevo, tras el fin de la postguerra fría, a naciones hostiles. Y una de ellas, en alusión a Rusia, “tiene frontera física con la UE y constituye una amenaza física directa a sus Estados miembros”.

Murphy advierte a los diplomáticos europeos de que “cualquier crisis importante en Europa requerirá irremisiblemente una respuesta con EE UU, Canadá, Reino Unido y Noruega”. Esa ayuda de los aliados podría no llegar si, como asegura Washington, los planes militares de la UE hacen que las industrias de armamento de ambas partes “no puedan trabajar juntas”. “Y que, quizá, nuestros ejércitos se vuelvan menos interoperativos y no puedan combatir juntos”, añade. Murphy remata su advertencia invocando la previsible ira de las opiniones públicas europeas si el Viejo Continente se ve desbordado por un conflicto de gran envergadura. Sus palabras suponen la mayor amenaza lanzada por Washington desde que Bruselas comenzó a impulsar la Unión de la Defensa.

 

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