El ejército de Israel había estado anticipando un ataque por parte de las fuerzas iraníes.

Y es que, en los últimos meses, el gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu ha sido acusado de lanzar ataques contra posiciones claves de Siria.

Uno de ellos se perpetró en abril en una base aérea. Siete soldados iraníes murieron.

Desde que comenzó la guerra en Siria, en 2011, Israel se ha visto alarmado por el despliegue de tropas iraníes en apoyo al presidente Bashar al Assad, que dice luchar contra grupos terroristas.

Se cree que Teherán ha gastado miles de millones de dólares al año para fortalecer a las fuerzas del gobierno sirio, ofreciendo asesores militares, armas, crédito y petróleo.

"La guerra civil siria le ha proporcionado una nueva arena de conflicto a Israel e Irán, pues ambos buscan disuadir al otro de realizar un ataque gran escala", señala el sitio estadounidense de análisis geopolítico y de seguridad internacional Stratfor.

Jonathan Marcus, experto en temas de defensa de la BBC, coincide en que ni Israel ni Irán parecen querer, en esta etapa, llegar a una guerra total.

De hecho, tras el ataque, el ministerio de la Defensa de Israel dijo que su país "no está interesado en una escalada".

"Sin embargo, su rivalidad estratégica es clara. Teherán está buscando establecerse como un actor militar en Siria para abrir otro potencial frente contra Israel e Israel está igualmente determinado a prevenirlo", indica Marcus.

Siria es el principal punto de tránsito de armamentos que Teherán envía al movimiento chiita Hezbolá en Líbano, el cual también ha mandado a miles de combatientes para apoyar a las fuerzas sirias.

Hezbolá, por su parte, es visto por Israel como un grupo terrorista.

De hecho, dos de los principales enemigos de Israel en la región son: Irán y Hezbolá, al que el ejército israelí sí ha atacado puntualmente en territorio sirio.